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lunes, 5 de diciembre de 2011

HOMILIA DEL ARZOBISPO DE ACAPULCO MONSEÑOR FELIPE AGUIRRE FRANCO EN EL DIA DE LA BAHIA DE SANTA LUCIA 2006

HOMILÍA
13 de diciembre de 2006


DIA DE LA BAHIA


+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

Cuando Dios creó todas las cosas, nos dice la página fresca del Génesis, junto con el “fiat”, “hágase” de todo lo creado, pronunció también el “¡congréguense las aguas!” y se reunieron los océanos y se plenificaron los abismos, creando el enorme vientre maternal de esta bahía que estaba destinada en los arcanos designios del Omnipotente a gestar en su líquido amiótico, abundante vida para el lugar de las cañas o de los carrizos, la más hermosa perla del Pacífico, la Ciudad de Acapulco.

Aún cuando nosotros todavía no nos ponemos de acuerdo con los historiadores, haciendo caso a la primera versión más antigua, afirmamos con Bernal Díaz del Castillo, QUE DESPUÉS DE LA TOMA DE LA Gran Tenochtitlán, para afianzar sus dominios el conquistador D. Hernán Cortés, envió al Almirante Francisco Álvarez Chico para encontrar los mares del Pacífico y el día 13 de diciembre de 1521, diez años antes de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe, se encontró con el admirable espejo del cielo y de estas selváticas costas, nuestra hermosa Bahía que tenemos ante nuestros ojos y a la que bautizaron con sus mismas aguas, con el nombre de Santa Lucía, la Santa del día; protectora de los navegantes en Italia, especialmente en Venecia, donde la invocan con cantares, como aquel que entonan los gondoleros remando sobre las aguas venecianas: “Sul mare lucí’ha, l’astro d’argento plácida e l’onda, próspero il vento; venite a l’agile barcheta mía, Santa Lucia”. Así que con sus mismas aguas la bautizaron con el nombre de Bahía de Santa Lucía.

Pero sobre todo, el nombre de esta Santa Patrona de nuestra Bahía, se difundió desde el corazón de la Isla Italiana de Sicilia, desde el lugar de su martirio, la ciudad de Siracusa. El nombre de Lucía, viene de la palabra latina “Lux, lucis”, es decir doncella luminosa; y si a esto se añade la versión histórica de que al ser martirizada le desencajaron sus ojos y ya desde entonces nos muestran su imagen con la palma del martirio en una mano y con una bandeja en la otra, portando sus dos ojos; por eso ella ha sido reconocida como intercesora de las enfermedades de los ojos, protectora de los ciegos y modelo de las costureras. (Será para que puedan ensartar el hilo en el ojo de la aguja (?)

El Papa San Gregorio Magno introdujo el nombre de Santa Lucía, junto con el de las mártires Águeda, Cecilia, Inés, Anastasia y otros en le Canon de la Misa, lo cual demuestra la antigua devoción, difundida no sólo en Occidente, sino también en Oriente. El hecho de que ella sea la “Sancta Lucis”, la Santa de la Luz, no sólo se refiere al sentido de la vista, sino también a la facultad espiritual de comprender las realidades sobrenaturales, tal como nos dice la oración de la Misa de hoy: “Te pedimos, Señor, intercesión de santa Lucía, virgen y mártir que llenes de luz y de gozo nuestros corazones y que, quienes hoy celebramos su martirio en la tierra, lleguemos a contemplar con nuestros propios ojos tu gloria en el cielo”. El mismo Dante Alghieri, en la Divina Comedia, atribuye a Santa Lucía el papel de gracia iluminadora a fin de no ser conducidos por la nave de Caronte al piélago de las tinieblas.

Lucía, como lo cuentan sus biógrafos, pertenecía a una rica familia de Siracusa. La madre, Eutiquia, cuando quedó viuda, quería hacer casar a la hija con un joven paisano. Lucía, que había hecho voto de virginidad por amor a Cristo, obtuvo que se aplazara la boda, entre otras cosas porque la madre se enfermó gravemente. Devota de Santa Águeda, la mártir de Catania que había vivido medio siglo antes, quiso llevar a la madre enferma a la tumba de la santa. De esta peregrinación la madre regresó completamente curada y por eso le permitió a la hija que siguiera el camino que deseaba, permitiéndole dar a los pobres de la ciudad la rica dote.

El novio rechazado se vengó acusando a Lucía ante el procónsul Pascasio por ser ella cristiana. Amenazada de ser llevada a un burdel para que saliera contaminada, Lucía le dio una sabia respuesta al procónsul: “El cuerpo queda contaminado solamente si el alma consciente”. El procónsul quiso pasar de las amenazas a los hechos, pero el cuerpo de Lucía se puso tan pesado que más de diez hombres no lograron moverla ni un palmo. Un golpe de espada terminó con la larga serie de torturas, pero aún con la garganta cortada la joven siguió exhortando a los fieles para que antepusieran los deberes para con Dios a los de las criaturas; hasta cuando los compañeros de fe, que estaban a su alrededor, sellaron su conmovedor testimonio con la palabra “Amén”. Muere en Siracusa, Sicilia, Italia, en el tiempo de la sangrienta persecución desatada por el emperador Dioclesiano, en el año de 304.

La Palabra de Dios nos exhorta en estos momentos a vivir los cielos nuevos y la tierra nueva con los ojos abiertos; que despertemos del sueño y rompamos nuestra ceguera. “¿Qué quieres que te haga?” preguntó Jesús al ciego, “¡Señor, que yo vea!”. Ojalá no nos quedemos ciegos de tanto ver la luz de los beneficios de Dios. Que no nos impongamos a contemplar la belleza de esta Bahía que se nos ha dado como un regalo de Dios, para amarla, cuidarla, preservarla de toda contaminación, embellecerla, disfrutarla y, sobre todo, dejar que todos los días se retrate el cielo de Dios sobre sus aguas que cobijan los abismos del tiempo.

Santa Lucía, danos un buen “colirio” para los ojos de los Acapulqueños y guerrerenses, que nos cure de la “leucoma” del egoísmo, de la “conjuntivitis” disgregante, de “las cataratas” que embotan y empañan nuestras miradas, de “las Carnosidades” que nos hacen ver espejismos de placer y de la “miopía”, y del “estigmatismo”... Santa Lucía, danos el “colirio” de la fe, que cure nuestros ojos, para que podamos disfrutar a diario de la contemplación de la obra de Dios en esta hermosa bahía.

Varios poetas y trovadores se han inspirado en la Bahía que lleva tu nombre, como Armando Rivera Reguera:

¡Te canto Santa Lucía
vestida toda de azul
luciendo por la bahía
tu fino encaje de tul!

Y luego por la mañana
con aire primaveral
deslizas por la bocana
tu majestad imperial.

Vierten tus aguas al puerto
melancolía;
y tú te das un concierto
de fantasía. Viene del mar mi cantío
repleto de inspiración
y lleva el viento el navío
a tu corazón.

¡Santa Lucía se adorna
de azul y grana
con esa gracia que asoma
por la bocana!

¡Santa Lucía se viste
de bella solemnidad,
para cantarle a la Virgen
de la Soledad!

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