Mostrando entradas con la etiqueta Arzobispo de Acapulco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arzobispo de Acapulco. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de diciembre de 2021

Celebra Arzobispo misa por el 500 aniversario del descubrimiento de la bahía de Santa Lucía

LUNES 13 DE DICIEMBRE DE 2021

La Iglesia, pendiente de migrantes en Acapulco
Celebra Arzobispo misa por el 500 aniversario del descubrimiento de la bahía de Santa Lucía

Celebración de la eucaristía. / Foto: Heidi Nieves | El Sol de Acapulco
Heidi Nieves | El Sol de Acapulco

El Arzobispo de Acapulco Leopoldo González González informó que la iglesia ha estado cerca de los migrantes que han llegado al puerto en busca de el trámite de la credencial humanitaria.

Entrevistado al final de la celebración de la eucaristía por el 500 aniversario del descubrimiento de la bahía de Santa Lucía, en el parque de la Reyna, donde pidió por la salud y protección de los pescadores, de los prestadores de servicios turísticos, marineros y visitantes .

González González detalló que el presbítero Benigno García Alvarado, ha estado en contacto con los inmigrantes y consideró que están bien alimentados y cuidaos “solo le pidieron leche en polvo y pañales”.

Después de la ceremonia religiosa se llevó a cabo un acto cívico cultual con la participación de la banda de música municipal, la escolta de la SPyV, así como escuelas de baile que realizaron bailes típicos del estado de Guerrero.

Durante la ceremonia religiosa el arzobispo de Acapulco mandó un mensaje de paz, armonía y prosperidad en estas fiesta de fin de año, recordó que Santa Lucía es patrona de las persona con dificultades de la vista y médicos dedicados a cuidar la salud visual de las personas , por ello pido realizó el cuidado de la vista de cada uno de ellos.

La misa se celebró en la explanada del parque de La Reina en donde se montó la réplica de la Reyna de los Mares, la cual fue adornada por flores que año con años los fieles regalan en homenaje a su día.

Participación de la banda de música municipal. / Foto: Heidi Nieves | El Sol de Acapulco

sábado, 18 de marzo de 2017

VIDA MARINA EN LA BAHIA DE SANTA LUCIA EN ACAPULCO


RETOMAMOS EL CONCEPTO DE ARTURO MARTINEZ Y TOMAMOS DE SU FACE LA PRESENTE SELECCION DE FOTOGRAFIAS, CON LAS QUE SE EXPRESA LA FANTASTICA VIDA MARINA DE LA ESPLÉNDIDA BAHIA DE SANTA LUCIA DE ACAPULCO.
 BIEN DECIA EL ARZOBISPO DE ACAPULCO MONSEÑOR FELIPE AGUIRRE FRANCO QUE LA BAHIA DE SANTA LUCIA ERA "EL LIQUIDO AMNIOTICO DE DONDE SURGE LA VIDA" EN ACAPULCO.


jueves, 8 de diciembre de 2011

HOMILIA DEL ARZOBISPO DE ACAPULCO MONSEÑOR FELIPE AGUIRRE FRANCO EN EL DIA DE LA BAHIA DE SANTA LUCIA 2008

13 de diciembre de 2008


DÍA DE LA BAHÍA DE SANTA LUCÍA


+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

Hoy en la festividad de Santa Lucía, celebramos el 487 Aniversario del descubrimiento de nuestra Bahía de Acapulco y el sexto aniversario de su Declaratoria Oficial como Día de la Bahía, colocándose, desde entonces, una placa conmemorativa, en la playa “Papagayo”, lugar desde donde el año 2002 lo proclamara el Señor Presidente Municipal, Lic. Dn. Alberto López Rosas, con la firma unánime de los integrantes de su Cabildo. El Acuerdo dice textualmente, entre otras cosas:

Uno.- “Ratificar el acuerdo de fecha 13 de Diciembre del año 2002 mediante el cual los integrantes del Cabildo instituyeron esa fecha, como el día de la Bahía de Santa Lucía”.

Dos.- “Instrúyase a la Dirección de Turismo Municipal, para que el día instituido como día de la Bahía de Santa Lucía, implemente las medidas necesarias para su celebración y fomente actividades que contribuyan a la promoción turística del Municipio”.

Santa Lucía, es la “Sancta Lucis”, la Santa de la Luz, la patrona de los oftalmólogos, protectora de los invidentes, intercesora para las enfermedades de los ojos y modelo de las costureras. Pero sobre todo ha sido nombrada abogada especial de los navegantes, como aquellos que con Don Francisco Chico, un día llegaron de España y enviados por Don Hernán Cortés a estas costas del Pacífico.

Nos cuentan los historiadores, como Bernal Díaz del Castillo que el 25 de noviembre de 1521 llegaron a las costas de Oaxaca y allí celebraron la primera misa. Posteriormente, el 13 de diciembre del mismo año, es descubierta por los mismos conquistadores la Bahía de Acapulco y es hasta 1523, dos años después, cuando Don Juan Rodríguez Villafuerte, toma posesión del Puerto de Acapulco en nombre de los Reyes de España y clavando en la arena la cruz y el pendón de Castilla y Aragón celebraron la primera misa en estas playas, y con ello, el primer anuncio del Evangelio.

Con la brisa de la Bahía, se refresca para nosotros la memoria histórica, que debe ser iluminada por la Palabra de Dios que hoy estamos escuchando, pues en ella se nos promete que, con el divino auxilio “los ojos de los ciegos verán sin tinieblas ni oscuridad” (Is 29, 18). “Esto dice la Casa de Jacob el Señor que rescató a Abraham: ya no se avergonzará Jacob, ya no se demudará su rostro, porque al ver mis acciones en medio de los suyos, santificará mi nombre, santificará al santo de Jacob y temerá al Dios de Israel. Los extraviados de espíritu entrarán en razón y los inconformes aceptarán la enseñanza” (Is 29, 22-24).

“Si el Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¡quién podrá hacerme temblar?” (Sal 26). Y la exclamación al canto del Aleluya: “Ya viene el Señor, nuestro Dios, con todo su poder para iluminar los ojos de sus hijos”:

El Evangelio también nos manifiesta la importancia de iluminar nuestros ojos, para librarnos de la ceguera, ya que nos narra que “cuando Jesús salía de Cafarnaúm, lo siguieron dos ciegos, que gritaban: ¡Hijo de David, compadécete de nosotros!. Al entrar Jesús en la casa se acercaron los ciegos y Jesús les pregunto: ¿Creen que puedo hacerlo? Ellos le contestaron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo que se haga en ustedes conforme a su fe. Y se les abrieron los ojos. Jesús les advirtió severamente: Que nadie lo sepa. Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por toda la región” (Mt 9, 27-31).

En años pasados le hemos pedido a Dios: “que no nos impongamos a contemplar la belleza de esta Bahía que se nos ha dado como un regalo de Dios, para amarla, cuidarla, preservarla de toda contaminación, embellecerla, disfrutarla y, sobre todo, dejar que todos los días se retrate el cielo de Dios sobre las aguas que cobijan los abismos del tiempo”.

También pedimos la intercesión de Santa Lucía diciéndole: Santa Lucía, danos un buen “colirio” para los ojos de los acapulqueños y guerrerenses, que nos cure de la “leucoma” del egoísmo, de la “conjuntivitis” disgregante, de las “cataratas” que embotan y empañan nuestras miradas, de las “carnosidades” que nos hacen ver espejismos de placer y de la “miopía” y del “astigmatismo”…Santa Lucía, danos el colirio de la fe, que cure nuestros ojos, para que podamos disfrutar a diario de la contemplación de la obra de Dios en esta hermosa Bahía. Para que con los ojos de la fe nos veamos como hermanos y no como enemigos. Para ver un cielo nuevo y tierra nueva en donde no contemplemos asesinatos, sangre, robos, secuestros, pleitos y divisiones. Que veamos al hermano más pobre, junto con la hermana ballena, el hermano pelícano y la aventurera gaviota.

Ahora es el escritor y poeta acapulqueño Alejandro Gómez Maganda, de la escuela y estilo de Ramón López Velarde, el más mexicano de los poetas, que nos enseña a tener una visión contemplativa de nuestra hermosa Bahía de Acapulco, para apreciar el regalo de Dios, con todos los habitantes de estas tierras: “Acapulco fue antes y después de Cortés, que supo intuir el paraíso, lugar de tules en el agua, si hemos de creer a la convencional verdad etimológica. Pero, en verdad de verdad, volcán extinto o lecho de barro y carrizos, Acapulco es la joya más refulgente de la costa de América que tan fielmente siguió, midiendo el litoral hasta la ardiente tierra cercana a los hielos antárticos, Fernando de Magallanes cuyo nombre es el estrecho que la remata; para después, partiendo de las ensenadas chilenas, atravesar el océano legendario de Vasco Nuño de Balboa, como una gaviota enloquecida, hasta llegar a las Islas Filipinas para honra y prez de una España omnipotente y pionera”.

Hoy le pedimos a Santa Lucía que se abran nuestros ojos, para que no perdamos la capacidad de asombro ante los tesoros de nuestra Bahía. Prosigue Don Alejandro Gómez Maganda: “las aves marineras, graznan en parvadas como regimientos aéreos y pintan de un blanco añil, los farallones que las ponen al socaire de la ventisca, que luego se hace huracán para ensayar sinfonías diabólicas en las aristas pétreas, filosas como fauces de tiburón. Por ellas, como protectoras providentes, se forman en ringlera los erizos azulencos coronados de terribles púas, perdidos entre las madréporas o en las grietas enigmáticas. Innumerables crustáceos compañeros de cangrejos poliformes y de solemne desplazamiento, amigos del percebe y del ostión, de la aristocrática langosta – pequeño monstruo delicioso -, de la afrodisíaca almeja que se retuerce al contacto del jugo cítrico y que prestigia por su tamaño exquisito a esta ciudad como Reina del Pacífico”.

Se puede decir también que cada quien habla de la Bahía, como le va en ella, o según sus particulares intereses, dice el autor acapulqueño en su prosa poética: “La Bahía de Acapulco - ¡si hablara! -: tiene un variado significar según la persona que la admire: para el inversionista hotelero, común y ordinario, se mide por metros cuadrados a tanto más cuanto por centímetro. El criterio fiscal la mide en función de los impuestos que causa; el turista la intuye como insospechada aventura, el viajero la estudia y guarda en todas sus potencias estéticas y comerciales. Las madres nativas la tienen en el corazón, que es la medida de sus profundas emociones, el poeta sabe que es el éxtasis, manantial para el supremo estremecimiento de la inspiración y para no decir más, el pescador tiene en ella el diario pan de su familia.

Sin embargo la Bahía es para Acapulco su espejo y complemento. Lo resume todo: la alegría y la tristeza, la fuga y el retorno, la vida y la muerte que es alfa y omega en la resaca de lo eterno e infinito. Pero para todos, es la Bahía algo inefable y múltiple, nacida del océano que se conjuga en lágrimas y oraciones. Es furia o laxitud, pero a fuerza de amar su belleza y temer su cólera se convierte en la entraña playera milagrosa y providente que está en el paisaje como prolongación de las almas”.

Se puede decir entonces, que “todo es según del color del cristal con que se mira”. Pero si a nosotros se nos preguntara de aquí en adelante ¿Qué dicen ustedes acerca de la Bahía de Santa Lucía? Sabremos contestar que es el regalo más grande, después de la vida, que Dios nos ha dado a los acapulqueños, pues de ella vivimos, nos movemos y somos. ¡Mares, manantiales y ríos. Aves marinas, cetáceos y peces, bendigan al Señor! Santa Lucía, que se nos abran los ojos para contemplar las maravillas del Señor. ¡Gracias, por llevar el nombre de nuestra Bahía de Acapulco!.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

HOMILIA DEL ARZOBISPO DE ACAPULCO MONSEÑOR FELIPE AGUIRRE FRANCO EN EL DIA DE LA BAHIA DE SANTA LUCIA 2007

Homilía


CÁNTICO DE LAS CREATURAS
EN LA BAHÍA DE SANTA LUCÍA
13 de diciembre de 2007


+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

Creaturas todas del Señor, presentes en esta Bahía, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Cielos que se retratan en sus aguas, bendecid al Señor.

Aguas que bullen en su oleaje, bendecid al Señor.

Que el sol y su luz esplendorosa que nos regala auroras doradas y ocasos bordados de grana, bendecid al Señor.

Que la luna y las estrellas que gobiernan la noche, inquietando las aguas, bendecid al Señor.

Lluvia, relámpagos y retumbos, que se anidan en medio de las altas mareas, bendecid al Señor.

Vientos huracanados y brisas suaves, bendecid al Señor.

Calores y altas temperaturas, que se mitigan en sus litorales, bendecid al Señor.

Días radiantes, con arenas ardientes, bañadas por las aguas, bendecid al Señor.

Bendigan el Morro y el Farallón del Obispo al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Algas, muzgos, anémonas, erizos y corales, bendecid al Señor.

Acantilados, escollos, islotes y arrecifes, bendecid al Señor.

Playas de la Condesa, Hornitos, Papagayo, Tamarindos y Tlacopanocha, bendecid al Señor.
Arenas y litorales de la Bahía, que se impregnan de las marinas sales, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Que La Bocana y sus horizontes, bendigan al Señor.

Mares embravecidos, aguas claras y cristalinas, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces. Ballenas, crustáceos, cangrejos, percebes, ostiones, langostas, almejas y camarones, bendecid al Señor.

Peces Vela, delfines y tiburones, bendecid al Señor.

Aves marineras que graznan en parvadas y pintan de blanco añil los farallones, bendecid al Señor.

Pelícanos eucarísticos, con su alcatraz de peces en el pecho; gaviotas inquietas, escoltando las embarcaciones; patos buzos que subrayan de lápiz el espacio. Bendecid al Señor.

Ríos del Papagayo, del Camarón y de la Sabana, que encuentran su destino final, en el piélago inmenso de los mares. Bendecid al Señor.

Enormes cruceros, ciudades flotantes que surcan la Bahía; cayucos, lanchas de remo y de motor; barcas con fondo de cristal; yates, regatas, veleros y toda clase de embarcaciones. Bendecid al Señor.

Marinos, pescadores, guardacostas, buzos y deportistas acuáticos. Bendecid al Señor.

Hijos de los hombres, acapulqueños, guerrerenses, turistas, visitantes, que pueblan a diario, en alegre descanso y recreo, nuestras playas, que protege Santa Lucía. Bendecid al Señor.

Santa María de Guadalupe, Reina de los Mares, que desde hace 49 años tiene su trono marítimo, en medio de nosotros, bendiga al Señor e interceda por nosotros.

Santa Lucía, Virgen y Mártir, Patrona de nuestra Bahía de Acapulco y que lleva su nombre; ángeles y santos de Dios, bendecid al Señor.

Sacerdotes del Señor, Religiosas, Fieles todos, acapulqueños, que nos alimentamos de las aguas maternales de esta bahía; bendecid al Señor.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo, alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.



ROMANCE DE NUESTRA
SEÑORA DE GUADALUPE

Manuel M. Ponce

Gaviota Guadalupana
Submarina y marinera.
Los ángeles te bajaron
de tu almanaque de piedra.

Y descendiste hasta el fondo
a tocar las entretelas
del mar que, todo amargura,
es un corazón que tiembla.

Tus camarines de vidrio
cantan una pastorela
de rebaños escamosos
y de fósiles estrellas.

Aguamarina tus ojos
piélagos son de clemencia
suben al cielo tus lágrimas
como burbujas pequeñas.

(…) Guadalupe submarina,
¡oh rosa de madreperla!
y en los inviernos del agua,
nuevo milagro entre peñas


INTERCESIÓN DE SANTA LUCÍA


Señor, te suplicamos por intercesión de Santa Lucía:

─ Que nos defienda de la ceguedad, de la avaricia y de la ambición.

─ Que no obscurezca nuestros ojos la ceguedad de la ira.

─ Que no nos permitas caer en la ceguedad de la envidia.

─ Que no nos ciegue el vicio de la sensualidad.

─ Que no nos quite el conocimiento, la ceguedad del amor propio.

─ Que no se apodere de nuestra alma, la ceguedad de la vana gloria.

─ Que jamás lleguemos a la ceguedad de la obstinación y dureza de corazón.


ORACIÓN FINAL

¡Oh Dios, que eres nuestra fortaleza y sostén concédenos por la intercesión y méritos de Santa Lucía la vista espiritual de nuestras almas para conocerte y amarte, fortalécenos y consérvanos la del cuerpo, para fielmente trabajar por tu gloria. Por Jesucristo Nuestro Señor, Amén.









5º EVENTO DEL ANIVERSARIO DEL DESCUBRIMIENTO
DE LA BAHÍA DE SANTA LUCÍA 13.DIC.2006

MAÑANITAS A SANTA LUCÍA

Mons. Silvino Moreno Rendón



Despierta Mártir de Cristo
Virgen santa celestial
Los fieles de esta bahía
Te queremos saludar.

Alcánzanos del Señor
horror para la maldad
para tener el valor
de buscar la santidad.

Fuiste de Dios escogida
para ser la protección
de esta grey aquí reunida
que implora tu intercesión.

Más antes de separarnos
santa mártir muy querida
bendice a los que aquí estamos
para imitarte en la vida.

lunes, 5 de diciembre de 2011

HOMILIA DEL ARZOBISPO DE ACAPULCO MONSEÑOR FELIPE AGUIRRE FRANCO EN EL DIA DE LA BAHIA DE SANTA LUCIA 2006

HOMILÍA
13 de diciembre de 2006


DIA DE LA BAHIA


+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

Cuando Dios creó todas las cosas, nos dice la página fresca del Génesis, junto con el “fiat”, “hágase” de todo lo creado, pronunció también el “¡congréguense las aguas!” y se reunieron los océanos y se plenificaron los abismos, creando el enorme vientre maternal de esta bahía que estaba destinada en los arcanos designios del Omnipotente a gestar en su líquido amiótico, abundante vida para el lugar de las cañas o de los carrizos, la más hermosa perla del Pacífico, la Ciudad de Acapulco.

Aún cuando nosotros todavía no nos ponemos de acuerdo con los historiadores, haciendo caso a la primera versión más antigua, afirmamos con Bernal Díaz del Castillo, QUE DESPUÉS DE LA TOMA DE LA Gran Tenochtitlán, para afianzar sus dominios el conquistador D. Hernán Cortés, envió al Almirante Francisco Álvarez Chico para encontrar los mares del Pacífico y el día 13 de diciembre de 1521, diez años antes de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe, se encontró con el admirable espejo del cielo y de estas selváticas costas, nuestra hermosa Bahía que tenemos ante nuestros ojos y a la que bautizaron con sus mismas aguas, con el nombre de Santa Lucía, la Santa del día; protectora de los navegantes en Italia, especialmente en Venecia, donde la invocan con cantares, como aquel que entonan los gondoleros remando sobre las aguas venecianas: “Sul mare lucí’ha, l’astro d’argento plácida e l’onda, próspero il vento; venite a l’agile barcheta mía, Santa Lucia”. Así que con sus mismas aguas la bautizaron con el nombre de Bahía de Santa Lucía.

Pero sobre todo, el nombre de esta Santa Patrona de nuestra Bahía, se difundió desde el corazón de la Isla Italiana de Sicilia, desde el lugar de su martirio, la ciudad de Siracusa. El nombre de Lucía, viene de la palabra latina “Lux, lucis”, es decir doncella luminosa; y si a esto se añade la versión histórica de que al ser martirizada le desencajaron sus ojos y ya desde entonces nos muestran su imagen con la palma del martirio en una mano y con una bandeja en la otra, portando sus dos ojos; por eso ella ha sido reconocida como intercesora de las enfermedades de los ojos, protectora de los ciegos y modelo de las costureras. (Será para que puedan ensartar el hilo en el ojo de la aguja (?)

El Papa San Gregorio Magno introdujo el nombre de Santa Lucía, junto con el de las mártires Águeda, Cecilia, Inés, Anastasia y otros en le Canon de la Misa, lo cual demuestra la antigua devoción, difundida no sólo en Occidente, sino también en Oriente. El hecho de que ella sea la “Sancta Lucis”, la Santa de la Luz, no sólo se refiere al sentido de la vista, sino también a la facultad espiritual de comprender las realidades sobrenaturales, tal como nos dice la oración de la Misa de hoy: “Te pedimos, Señor, intercesión de santa Lucía, virgen y mártir que llenes de luz y de gozo nuestros corazones y que, quienes hoy celebramos su martirio en la tierra, lleguemos a contemplar con nuestros propios ojos tu gloria en el cielo”. El mismo Dante Alghieri, en la Divina Comedia, atribuye a Santa Lucía el papel de gracia iluminadora a fin de no ser conducidos por la nave de Caronte al piélago de las tinieblas.

Lucía, como lo cuentan sus biógrafos, pertenecía a una rica familia de Siracusa. La madre, Eutiquia, cuando quedó viuda, quería hacer casar a la hija con un joven paisano. Lucía, que había hecho voto de virginidad por amor a Cristo, obtuvo que se aplazara la boda, entre otras cosas porque la madre se enfermó gravemente. Devota de Santa Águeda, la mártir de Catania que había vivido medio siglo antes, quiso llevar a la madre enferma a la tumba de la santa. De esta peregrinación la madre regresó completamente curada y por eso le permitió a la hija que siguiera el camino que deseaba, permitiéndole dar a los pobres de la ciudad la rica dote.

El novio rechazado se vengó acusando a Lucía ante el procónsul Pascasio por ser ella cristiana. Amenazada de ser llevada a un burdel para que saliera contaminada, Lucía le dio una sabia respuesta al procónsul: “El cuerpo queda contaminado solamente si el alma consciente”. El procónsul quiso pasar de las amenazas a los hechos, pero el cuerpo de Lucía se puso tan pesado que más de diez hombres no lograron moverla ni un palmo. Un golpe de espada terminó con la larga serie de torturas, pero aún con la garganta cortada la joven siguió exhortando a los fieles para que antepusieran los deberes para con Dios a los de las criaturas; hasta cuando los compañeros de fe, que estaban a su alrededor, sellaron su conmovedor testimonio con la palabra “Amén”. Muere en Siracusa, Sicilia, Italia, en el tiempo de la sangrienta persecución desatada por el emperador Dioclesiano, en el año de 304.

La Palabra de Dios nos exhorta en estos momentos a vivir los cielos nuevos y la tierra nueva con los ojos abiertos; que despertemos del sueño y rompamos nuestra ceguera. “¿Qué quieres que te haga?” preguntó Jesús al ciego, “¡Señor, que yo vea!”. Ojalá no nos quedemos ciegos de tanto ver la luz de los beneficios de Dios. Que no nos impongamos a contemplar la belleza de esta Bahía que se nos ha dado como un regalo de Dios, para amarla, cuidarla, preservarla de toda contaminación, embellecerla, disfrutarla y, sobre todo, dejar que todos los días se retrate el cielo de Dios sobre sus aguas que cobijan los abismos del tiempo.

Santa Lucía, danos un buen “colirio” para los ojos de los Acapulqueños y guerrerenses, que nos cure de la “leucoma” del egoísmo, de la “conjuntivitis” disgregante, de “las cataratas” que embotan y empañan nuestras miradas, de “las Carnosidades” que nos hacen ver espejismos de placer y de la “miopía”, y del “estigmatismo”... Santa Lucía, danos el “colirio” de la fe, que cure nuestros ojos, para que podamos disfrutar a diario de la contemplación de la obra de Dios en esta hermosa bahía.

Varios poetas y trovadores se han inspirado en la Bahía que lleva tu nombre, como Armando Rivera Reguera:

¡Te canto Santa Lucía
vestida toda de azul
luciendo por la bahía
tu fino encaje de tul!

Y luego por la mañana
con aire primaveral
deslizas por la bocana
tu majestad imperial.

Vierten tus aguas al puerto
melancolía;
y tú te das un concierto
de fantasía. Viene del mar mi cantío
repleto de inspiración
y lleva el viento el navío
a tu corazón.

¡Santa Lucía se adorna
de azul y grana
con esa gracia que asoma
por la bocana!

¡Santa Lucía se viste
de bella solemnidad,
para cantarle a la Virgen
de la Soledad!

HOMILIA DE MONSEÑOR FELIPE AGUIRRE FRANCO EN LA SANTA MISA PO EL DIA DE LA BAHIA DE SANTA LUCIA 2005


Reflexión
13 de diciembre de 2005


SANTA LUCÍA, VIRGEN Y MÁRTIR (AÑO 304)


+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

Este nombre significa “la que luce” “Mujer de luz”. Representa para nosotros un recuerdo de luz a través de los siglos, a pesar de los escasos datos históricos que poseemos acerca de la santa de hoy. Las noticias sobre su vida nos han llegado mezcladas con piadosas leyendas. Pero ciertamente nos consta históricamente que fue Virgen y mártir. Desde la Edad Media es invocada como la patrona de la vista, sea para males de los ojos, sea para curar la ceguera espiritual.

La existencia de la santa es evidentemente histórica. Su fiesta, como mártir, se menciona ya en una inscripción de las catacumbas de San Juan, en Siracusa, que se remonta aproximadamente al año 400. En esa ciudad se encuentra también una Iglesia en su honor en el lugar donde, según la tradición, sufrió el martirio durante la persecución de Diocleciano.

En el Canon romano figura su nombre entre las mujeres mártires más veneradas de la Iglesia primitiva. Sus reliquias fueron trasladadas a Constantinopla y de allí fueron llevadas, en parte, por los caballeros de las cruzadas en el siglo XI a Venecia, en donde son bien conocidos los cánticos populares en honor de Santa Lucía. La vida y muerte de esta virgen y mártir arroja rayos de luz sobre las tinieblas de un paganismo decadente: es la luz de Cristo resucitado, Vencedor del pecado y de la muerte. Por eso, Santa Lucía es un verdadero faro de luz, que ilumina los mares tempestuosos del mundo.


Lucía, como lo cuentan sus biógrafos, pertenecía a una rica familia de Siracusa. La madre, Eutiquia, cuando quedó viuda, quería hacer casar a la hija con un joven paisano. Lucía que había hecho voto de virginidad por amor a Cristo, obtuvo que se aplazara la boda, entre otras cosas porque la madre enfermó gravemente. Devota de Santa Agueda, la mártir de Catania que había vivido medio siglo antes, quiso llevar a la madre enferma a la tumba de la santa. De esta peregrinación la madre regresó completamente curada y por eso le permitió a la hija que siguiera el camino que deseaba, permitiéndole dar a los pobres de la ciudad su rica dote.

El novio rechazado se vengó acusando a Lucía ante el procónsul Pascasio por ser ella cristiana. Amenazada de ser llevada a un burdel para que saliera contaminada, Lucía le dio una sabia respuesta al procónsul: “El cuerpo queda contaminado solamente si el alma consciente”. El procónsul quiso pasar de las amenazas a los hechos, pero el cuerpo de Lucía se puso tan pesado que más de diez hombres no lograron moverla ni un palmo. Un golpe de espada terminó con la larga serie de torturas, pero aún con la garganta cortada la joven siguió exhortando a los fieles para que antepusieran los deberes para con Dios a los de las criaturas; hasta cuando los compañeros de fe, que estaban a su alrededor, sellaron su conmovedor testimonio con la palabra “Amén”. Muere en Siracusa, Sicilia, Italia, en el tiempo de la sangrienta persecución desatada por el emperador Dioclesiano, en el año de 304.



Quiero seguir citando, como en otras ocasiones, al escritor, poeta e historiador acapulqueño, Alejandro Gómez Maganda, para asomarnos al pasado, tal como lo describe su admirable pluma y así convertir sus hermosas alegorías y adecuados epítetos en un sonoro Cántico de las Criaturas. Dice así al describir al Acapulco de aquellos años:

Adquieren en estos lugares sus habitantes, nacidos a inmediaciones del bosque, la profundidad de la selva; los secretos del viento y un amor de por vida, que centralizan los astros y las montañas. Los subyuga el cosmos y el firmamento les da la placidez del éxtasis; el sentido de lo infinito, el ritmo de las estrellas y de los astros, encadenados a las omnipotentes fuerzas de la gravitación universal.

A través de los años, bañáronse en charcos de silencio, en islas de soledad o en maravillosas áureas. Despertaron sus potencias al golpe de la ola, el conjuro del viento que se arracha en huracanes, liberticidas, porque violentan las leyes naturales en un afán insatisfecho de abrevar las distancias. Entre un chocar de anhelos inauditos. Inhibidos ante lo urbano que temen o desdeñan, porque ellos aman el rugir alucinante de las tormentas y la clemente armonía de los aguaceros.

Sus propias imágenes pueblerinas que influyen en un sentido místico, son toscas como los santones de vidriosa mirada e hirsutas cabelleras. Cruces forjadas con hachas campesinas con interés cristiano pero sin la armonía de la forma, al margen de la estética porque sólo intuyen el símbolo sin escrúpulos de belleza alguna. Imaginería angustiada, que procrea vírgenes de olorosos cedros o sañudos cristos; de rezumantes heridas y de airadas cabelleras que reiteran la iracundia o el abandono.

De la parva iglesia dominguera, con capellán y estrenos que trascendían a cedrón o a ocotales de familiar ambrosía, la gente amaba el silencioso éxtasis de los ordinarios días, cuando la parroquia fingía una isla de soledad; con la tónica de sus campanas y el revuelo de sus esquilones en vértigo. Alegría en bronce para las vísperas y las misas feriadas, en los fulgentes jubileos y fiestas de guardar; pero en un sordo tremar, para los sufragios cotidianos con premiosa comunión, y el clérigo, que parecía flotar con sus viejas casullas y estolas deshiladas con la ausencia de perfumadas resinas en el solemne incensario.

A las misas rezadas, las piadosas mujeres iban siempre a menudo paso, como ingrávidas en las soñolientas aceras, sobre las que los gallos quiebran sus matinales saludos. Con la fresca, poblada de familiares resonancias que meten muy hondo una ansia incontenible de vivir. (Un Pájaro Canta en lo Alto).



Estamos en mil novecientos diez y, el Alcalde, don Nicolás Uruñuela, de bastón solemne; baja los escalones de una de las dos escaleras que conducen a las oficinas municipales, instaladas en el viejo Convento de San Francisco, donde Antonio Pintos, Samuel Muñúzuri y otros jerarcas, como el doctor Butrón, de este breve Acapulco, también han despachado los asuntos de la ciudad, en sus respectivos períodos de gobierno.

Hace un tibio calor, oreado por la brisa que viene de la bocana y que, de flanco y por la espalda, llega en rachas refrescantes por las abras de Mozimba y la Quebrada; mandadas a ejecutar en los apacibles tiempos coloniales, para amenguar la ardiente temperatura de este antiguo puerto de los galeones, que otrora eran recibidos con la apertura de la feria anual, para esparcimiento de marinos y mercaderes, que en diligencias o conductas, llegaban desde la muy noble y leal ciudad de México. En una época de presuntuosos virreyes y aterciopelados arzobispos.

Pero ahora, en este cálido fin de año, en que comenzamos a recorrer el Puerto delicioso, el pueblo bulle inquieto por el antiguo mercado municipal, aquí, a unos cuantos metros de este jardín o zócalo, con palmas datileras de prestancias africanas. Con crotos policromos, tulipanes, acacias berthas, “reunión de señoritas” nomeolvides, azucenas, alelíes, geranios, lirios y resedá; que a la sombra opulenta de los mangos, saturan de perfumadas esencias la noche diamantina de Acapulco.

El kiosco de evocaciones chinescas, pronto se inundará de músicas para la serenata de rigor; en tanto las de viento, atruenan por los barrios del Puerto: Tlacopanocha, El Rincón, La Playa, Petaquillas, El Pozo de la Nación, La Cuerería, El Chorrillo, El Teconche, La Guinea, El Hueso, El Catire, La Adobería, La Poza, La Pocita, Los Tepetates, La Quebrada y la Crucita, hasta llegar al centro, donde alumbrados por hachones y refino, moros y cristianos en la danza tradicional, bailarán hasta el amanecer, mientras los del Chile Frito, tocarán a destajo sus instrumentos de aliento, por veinte reales la noche y una damajuana de mezcal. Hay ya algunas músicas de viento en la ciudad, venidas de Santa Cruz, Pueblo Nuevo, Tixtlancingo y Agua del Perro.

Pero salgamos a nuestro recorrido, amigo mío, que este día de diciembre, está muriendo entre nubes redondas y arreboladas, que no impiden la diafanidad del cielo intensamente azul.

Pasada la Quebrada, que usted sabe, fue donde en tiempos coloniales se trazó el abra bienhechora, al igual que la de Mozimba, llamada hoy del Corte Grande, refrescando así la tórrida temperatura que Acapulco padecía, se llega a la Prietilla, casi al arribar al Potrerillo donde se encuentra la Piedra del Mono, muy cerca del Fortín de Alvarez y el cerro de La Mira, desde donde, el mirero don Chano escarba los horizontes con un modesto telescopio y, al descubrir algún navío con proa a nuestra bahía, entona con las del Galerón un diálogo de campanas. A inmediaciones, se encuentra la Frente del Diablo, de siniestra memoria y finalmente, Pie de la Cuesta, con la exhuberancia de sus palmares que se asoman en un verde lujurioso a la Laguna de Coyuca, poblada de aves bulliciosas: Garzas morenas de pulmones níveos con tonalidades rosicler, patos en bandadas que se asientan entre la flora acuática; corcochos, zarcetas, pichiches, aguilillas revoltosas, torcazas de lánguidos zureos, buzos, urracas malditas, pericos ruidosos, cotorras de esmeralda, gavilanes dibujantes de círculos aéreos, alcatraces o garzones de vuelo sin donaire; albatros armoniosos, calandrias gualda y ébano de elaborados nidos, cardenales de púrpura, luises agoreros, piticueses, cernícalos, gorriones inestables y en fin, un caudal de vocingleras aves que alientan la majestad del tópico.

En plena jungla, los lagartos bostezan señoreando el pantano. Rastrea el mapache vulgar, grazna el búho visionario y lúgubre, reptan los mortales ofidios desde el coralillo, el tilcuate, la boa ratonera y el cascabel. Cabecean los garrobos soñolientos al amor del ardiente sol; se ayunta los conejos prolíficos entre los pastizales, en tanto los venados alígeros, describen trayectorias en vértigo y las iguanas coreográficas, monstruos a escala de la fauna antidiluviana, caídas en desgracia, pespuntean el barrizal traidor y la arboleda en celo. A dicha hora, jadea la selva y su vaho estival rige la fecundación de las especies; el bilioso gato montés bufa iracundo, porque el jaguar de masculina estampa y admirados colores, baja presuntuoso a los aguajes. El puma con arrogancias dinásticas, aspira al cetro de la manigua y entre tanto, ronda cauteloso a las vacadas. De cuando en vez, una manada de furiosos jabalíes ahuyenta a las parvadas y la cucucha lanza su canto tristón a orillas de la laguna.

Después del Carrizal, el Espinalillo, el Bejuco, los Cimientos, el Zapote, Cacalutla, el Papayo, Alcholoa, el Ciruelar, Tomatal, Los Arenales: el de Alvarez, el de Gómez y el de la Máquina. San Jerónimo, Tecpan y antes Atoyac, Tenexpa, Nuxco, San Luis, San Pedro y San Luis la Loma, Papanoa, Coyuquilla, Juluchuca y Petatlán, desde donde señorea las Costas y Tierra Caliente el Padre Jesús de mirada brillante, sangrientas heridas y túnica de un amatista oscuro. A Petatlán, año con año llegan de todos los rincones de Guerrero, multitudes de fervientes romeros, para pasar ahí los días luctuosos de la pasión, no sin antes bailar como es tradición, al cruzar el Calvario y vaciar sus bules ruzumantes en la oquedad legendaria, de la mujer convertida en piedra.

Si la Costa Chica, hospitalaria y fecunda, dejando atrás San Marcos, sigue el camino de Nexpa, Cruz Grande, Marquelia, San Luis Acatlán, Las Mesas, Copala, hasta llegar dejando a un lado Ayutla, al pintoresco Ometepec, para colindar por Lo de Soto con el Estado de Oaxaca; La Costa Grande, después de Petatlán, llega a San Jeronimito, Agua de Correa, posiblemente con anterioridad y por lógica: Agua de Correa, posiblemente con anterioridad y por lógica: Agua del Correo; a inmediaciones de Zihuatanejo, Puerto natural de extraordinarios paisajes, como el de Ixtapa, isleta de playas luminosas; paraje predilecto de las aves marinas y de las guacamayas que en cantidad de fantasía, prenden al crepúsculo, el oriflama de sus policromías inefables. Luego, hasta Zacatula, que contempla el caudaloso desembocar del Balsas y marca los límites de Guerrero y Michoacán. Estos son, digamos a vuelo de pájaro, los quinientos kilómetros de la maravillosa costa guerrerense, que no admite paralelo alguno en el Continente Americano. (Acapulco en mi Vida y en el Tiempo).

Santa Lucía, enséñanos a saber contemplar con ojos de fe nuestra historia acapulqueña y a saber mirar reflejada en nuestra hermosa Bahía que lleva tu nombre, la riqueza inmensa del caminar de un pueblo diocesano que tiene su corazón metropolitano en Acapulco. Nos preparamos a cumplir 50 años de Diócesis y es bueno remontarnos a un pasado que está aún latente en el devenir de estas tierras y en el oleaje de esta agua.

sábado, 3 de diciembre de 2011

HOMILIA DEL ARZOBISPO DE ACAPULCO MONSEÑOR FELIPE AGUIRRE FRANCO EN EL DIA DE LA BAHIA DE SANTA LUCIA 2004

Homilía


CÁNTICO DE LAS CREATURAS
EN LA BAHÍA DE SANTA LUCÍA
13 de diciembre de 2004


+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

Creaturas todas del Señor, presentes en esta Bahía, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Cielos que se retratan en sus aguas, bendecid al Señor.

Aguas que bullen en su oleaje, bendecid al Señor.

Que el sol y su luz esplendorosa que nos regala auroras doradas y ocasos bordados de grana, bendigan al Señor.

Que la luna y las estrellas que gobiernan la noche, inquietando las aguas, bendigan al Señor.

Lluvia, relámpagos y retumbos, que se anidan en medio de las altas mareas, bendecid al Señor.

Vientos huracanados y brisas suaves, bendecid al Señor.

Calores y altas temperaturas, que se mitigan en sus litorales, bendecid al Señor.

Días radiantes, con arenas ardientes, bañadas por las aguas, bendecid al Señor.

Bendigan el Morro y el Farallón del Obispo al Señor, ensálcenlo con himnos por los siglos.

Algas, muzgos, anémonas, erizos y corales, bendecid al Señor.

Acantilados, escollos, islotes y arrecifes, bendecid al Señor.

Playas de la Condesa, Hornitos, Papagayo, Tamarindos y Tlacopanocha, bendecid al Señor.
Arenas y litorales de la Bahía, que se impregnan de las marinas sales, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Que La Bocana y sus horizontes, bendigan al Señor.

Mares embravecidos, aguas claras y cristalinas, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces. Ballenas, crustáceos, cangrejos, percebes, ostiones, langostas, almejas y camarones, bendecid al Señor.

Peces Vela, delfines y tiburones, bendecid al Señor.

Aves marineras que graznan en parvadas y pintan de blanco añil los farallones, bendecid al Señor.

Pelícanos eucarísticos, con su alcatraz de peces en el pecho; gaviotas inquietas, escoltando las embarcaciones; patos buzos que subrayan de lápiz el espacio. Bendecid al Señor.

Ríos del Papagayo, del Camarón y de la Sabana, que encuentran su destino final, en el piélago inmenso de los mares. Bendecid al Señor.

Enormes cruceros, ciudades flotantes que surcan la Bahía; cayucos, lanchas de remo y de motor; barcas con fondo de cristal; yates, regatas, veleros y toda clase de embarcaciones. Bendecid al Señor.

Marinos, pescadores, guardacostas, buzos y deportistas acuáticos. Bendecid al Señor.

Hijos de los hombres, acapulqueños, guerrerenses, turistas, visitantes, que pueblan a diario, en alegre descanso y recreo, nuestras playas, que protege Santa Lucía. Bendecid al Señor.

Santa María de Guadalupe, Reina de los Mares, que desde hace 46 años tiene su trono marítimo, en medio de nosotros, bendiga al Señor e interceda por nosotros.

Santa Lucía, Virgen y Mártir, Patrona de nuestra Bahía de Acapulco y que lleva su nombre; ángeles y santos de Dios, bendecid al Señor.

Sacerdotes del Señor, Religiosas, Fieles todos, acapulqueños, que nos alimentamos de las aguas maternales de esta bahía; bendecid al Señor.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo, alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

HOMILIA DEL ARZOBISPO DE ACAPULCO MONSEÑOR FELIPE AGUIRRE FRANCO EN EL DIA DE LA BAHIA DE SANTA LUCIA 2003


Reflexión
13 de diciembre de 2003


DÍA DE LA BAHÍA DE SANTA LUCÍA


+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

Hoy en la festividad de Santa Lucía, celebramos el Día de nuestra Bahía de Acapulco y el primer aniversario de su Declaratoria Oficial como tal, colocándose, hace unos momentos, una placa conmemorativa, en la playa “Papagayo”, lugar desde donde el año pasado lo proclamara el Señor Presidente Municipal, con la firma unánime de los integrantes del Cabildo actual. El Acuerdo dice textualmente: “

Uno.- Ratificar el acuerdo de fecha 13 de Diciembre del año 2002 mediante el cual los integrantes del Cabildo instituyeron esa fecha, como el día de la Bahía de Santa Lucía.

Dos.- Instrúyase a la Dirección de Turismo Municipal, para que el día instituido como día de la Bahía de Santa Lucía, implemente las medidas necesarias para su celebración y fomente actividades que contribuyan a la promoción turística del Municipio.

Santa Lucía, es la “Sancta Lucis”, la Santa de la Luz, la patrona de los oftalmólogos, protectora de los invidentes, intercesora para las enfermedades de los ojos y modelo de las costureras. Pero sobre todo ha sido nombrada abogada especial de los navegantes, como aquellos que con Don Francisco Chico, un día llegaron de España y enviados por Don Hernán Cortés a estas costas del Pacífico.

Nos cuentan los historiadores, como Bernal Díaz del Castillo que el 25 de noviembre de 1521 llegaron a las costas de Oaxaca y allí celebraron la primera misa. Posteriormente, el 13 de diciembre del mismo año, es descubierta por los mismos conquistadores la Bahía de Acapulco y es hasta 1523, dos años después, cuando Don Juan Rodríguez Villafuerte, toma posesión del Puerto de Acapulco en nombre de los Reyes de España y clavando en la arena la cruz y el pendón de Castilla y Aragón celebraron la primera misa en estas playas, y con ello, el primer anuncio del Evangelio.

Con la brisa de la Bahía, se refresca para nosotros la memoria histórica, que debe ser iluminada por la Palabra de Dios que hoy estamos escuchando, pues en ella se nos promete que, con el divino auxilio “los ojos de los ciegos verán sin tinieblas ni oscuridad” (Is 29, 18). “Esto dice la Casa de Jacob el Señor que rescató a Abraham: ya no se avergonzará Jacob, ya no se demudará su rostro, porque al ver mis acciones en medio de los suyos, santificará mi nombre, santificará al santo de Jacob y temerá al Dios de Israel. Los extraviados de espíritu entrarán en razón y los inconformes aceptarán la enseñanza” (Is 29, 22-24).

“Si el Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¡quién podrá hacerme temblar?” (Sal 26). Y la exclamación al canto del Aleluya: “Ya viene el Señor, nuestro Dios, con todo su poder para iluminar los ojos de sus hijos”:

El Evangelio también nos manifiesta la importancia de iluminar nuestros ojos, para librarnos de la ceguera, ya que nos narra que “cuando Jesús salía de Cafarnaúm, lo siguieron dos ciegos, que gritaban: ¡Hijo de David, compadécete de nosotros!. Al entrar Jesús en la casa se acercaron los ciegos y Jesús les pregunto: ¿Creen que puedo hacerlo? Ellos le contestaron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo que se haga en ustedes conforme a su fe. Y se les abrieron los ojos. Jesús les advirtió severamente: Que nadie lo sepa. Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por toda la región” (Mt 9, 27-31).

El año pasado le pedíamos a Dios: “que no nos impongamos a contemplar la belleza de esta Bahía que se nos ha dado como un regalo de Dios, para amarla, cuidarla, preservarla de toda contaminación, embellecerla, disfrutarla y, sobre todo, dejar que todos los días se retrate el cielo de Dios sobre las aguas que cobijan los abismos del tiempo”.

También pedimos la intercesión de Santa Lucía diciéndole: Santa Lucía, danos un buen “colirio” para los ojos de los acapulqueños y guerrerenses, que nos cure de la “leucoma” del egoísmo, de la “conjuntivitis” disgregante, de las “cataratas” que embotan y empañan nuestras miradas, de las “carnosidades” que nos hacen ver espejismos de placer y de la “miopía” y del “astigmatismo”…Santa Lucía, danos colirio de la fe, que cure nuestros ojos, para que podamos disfrutar a diario de la contemplación de la obra de Dios en esta hermosa Bahía.
Ahora es el escritor y poeta acapulqueño Alejandro Gómez Maganda, de la escuela y estilo de Ramón López Velarde, el más mexicano de los poetas, que nos enseña a tener una visión contemplativa de nuestra hermosa Bahía de Acapulco, para apreciar el regalo de Dios, a todos los habitantes de estas tierras: “Acapulco fue antes y después de Cortés, que supo intuir el paraíso, lugar de tules en el agua, si hemos de creer a la convencional verdad etimológica. Pero, en verdad de verdad, volcán extinto o lecho de barro y carrizos, Acapulco es la joya más refulgente de la costa de América que tan fielmente siguió, midiendo el litoral hasta la ardiente tierra cercana a los hielos antárticos, Fernando de Magallanes cuyo nombre es el estrecho que la remata; para después, partiendo de las ensenadas chilenas, atravesar el océano legendario de Vasco Nuño de Balboa, como una gaviota enloquecida, hasta llegar a las Islas Filipinas para honra y prez de una España omnipotente y pionera”.

Hoy le pedimos a Santa Lucía que se abran nuestros ojos, para que no perdamos la capacidad de asombro ante los tesoros de nuestra Bahía. Prosigue Don Alejandro Gómez Maganda: “las aves marineras, graznan en parvadas como regimientos aéreos y pintan de un blanco añil, los farallones que las ponen al socaire de la ventisca, que luego se hace huracán para ensayar sinfonías diabólicas en las aristas pétreas, filosas como fauces de tiburón. Por ellas, como protectoras providentes, se forman en ringlera los erizos azulencos coronados de terribles púas, perdidos entre las madréporas o en las grietas enigmáticas. Innumerables crustáceos como él compañeros de cangrejos poliformes y de solemne desplazamiento, amigos del percebe y del ostión, de la aristocrática langosta – pequeño monstruo delicioso -, de la afrodisíaca almeja que se retuerce al contacto del jugo cítrico y que prestigia por su tamaño exquisito a la Reina del Pacífico”.

Se puede decir también que cada quien habla de la Bahía, como le va en ella, o según sus particulares intereses, dice el autor acapulqueño en su prosa poética: “La Bahía de Acapulco - ¡si hablara! -: tiene un variado significar según la persona que la admire: para el inversionista hotelero, común y ordinario, se mide por metros cuadrados a tanto más cuanto por centímetro. El criterio fiscal la mide en función de los impuestos que causa; para las hermas de los vaporinos se calcula en melancólicas ausencias, el turista la intuye como insospechada aventura, el viajero la estudia y guarda en todas sus potencias estéticas y comerciales, para el rata en las pródigas posibilidades de hurtar lo ajeno y para el chulo de físicas prestancias en oportunidades para encontrar fácil y deliciosa fortuna.

Las madres nativas la tienen en el corazón, que es el metro de sus profundas emociones, el poeta sabe que es el éxtasis, manantial para el supremo estremecimiento de la inspiración y para no decir más, el pescador tiene en ella el diario pan de su familia.

Sin embargo la Bahía es para Acapulco su espejo y complemento. Lo resume todo: la alegría y la tristeza, la fuga y el retorno, la vida y la muerte que es alfa y omega en la resaca de lo eterno e infinito.

Pero para todos, es la Bahía algo inefable y múltiple, nacida del océano que se conjuga en lágrimas y oraciones. Es furia o laxitud, pero a fuerza de amar su belleza y temer su cólera se convierte en la entraña playera milagrosa y providente que está en el paisaje como prolongación de las almas”.

Se puede decir entonces, que “todo es según del color del cristal con que se mira”. Pero si a nosotros se nos preguntara de aquí en adelante ¿Qué dicen ustedes acerca de la Bahía de Santa Lucía? Sabremos contestar que es el regalo más grande, después de la vida, que Dios nos ha dado a los acapulqueños, pues de ella vivimos, nos movemos y somos. ¡Mares, manantiales y ríos. Aves marinas, cetáceos y peces, bendigan al Señor! Santa Lucía, que se nos abran los ojos para contemplar las maravillas del Señor. ¡Gracias, por llevar el nombre de nuestra Bahía de Acapulco!.

sábado, 26 de noviembre de 2011

PRESENTACION DEL ARZOBISPO DE ACAPULCO MONSEÑOR FELIPE AGUIRRE FRANCO DE LA TARJETA DIGITAL Y MUSICAL BAHIA DE SANTA LUCIA

TIMONEL
Voz del Obispo

PRESENTACIÓN DE LA TARJETA DIGITAL Y MUSICAL BAHÍA DE SANTA LUCÍA.
Letra y Música de Juan López

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

La tarjeta digital, descriptiva y musical de la Bahía de Santa Lucía en Acapulco de Don Juan López, es uno de los mejores homenajes que se han tributado, a través de la historia, al más hermoso regalo que Dios ha hecho a los acapulqueños.

Cuando el Creador Todopoderoso, formó el Paraíso terrenal, según una muy creíble exégesis bíblica, en la planicie de la antigua Mesopotamia, regada por los ríos, el Tigris y el Éufrates, no pudiendo colocar allí una majestuosa rinconada de los mares; al llenar los abismos de la tierra con las aguas que flotaban en la superficie informe, entonces pensó en una bahía aureolada de montañas en Acapulco, donde se mecían flotantes camalotes de carrizos o bambúes, que al llegar los conquistadores enviados por Hernán Cortés en 1521, le llamaron Bahía de Santa Lucía y por sobrenombre le pusieron “Espejo del Cielo”. De día se retrata en ellas, majestuoso, el astro rey; de noche la luna, “con su polizón de nardos” que escribió el poeta español Federico García Lorca y las estrellas “como cocuyos de luz”, que cantó el músico poeta Agustín Lara, parpadeantes entre sus olas y hasta se mece en ellas con una canción de cuna, la constelación de Géminis, que todos conocemos como “los ojitos de Santa Lucía”.

La sensibilidad creativa y clarividente de Don Juan López, aspirando las brisas de la bahía y oteando los horizontes que la circundan; con una mirada lince de poeta y con el fuego enamorado de su corazón, escribió en el pentagrama acuático de los mares donde ponen sus notas musicales los cadenciosos pelícanos, las inquietas gaviotas y la infinidad de corcheas, semicorcheas, fusas y semifusas de los variados peces; escribió con el oído del músico y la pluma del poeta el mejor mensaje, que algún acapulqueño podría haber escrito hasta ahora, loando a nuestra bahía de Acapulco, la hermosa Perla del Pacífico, brotada del molusco divino con su concha ósea petrificada en el sacramento eterno del tiempo.

El maestro Juan López con su Tarjeta Musical Digital, nos ofrece ahora una contestación convincente y plena a la pregunta: ¿Cómo es Acapulco? Para los acapulqueños y para los visitantes. Cuando yo ví por vez primera al Papa Paulo VI ante mí, cara a cara, para conversar con él, confieso que ya ni lo veía, de tanto que lo miraba y de tan cerca que lo tenía; yo mismo me sentía revestido de la luz blanca que despedían sus ojos claros y compuse esta estrofa: “No se sabe en ese instante si la tierra está en el cielo, o el cielo está en la tierra, pues tanto se goza el anhelo, que aunque verlo ya lo hubiera, sigue de fijo mirando el rato que lo pudiera” así es Acapulco, así es su Bahía de Santa Lucía; no se puede agotar en un momento el gozo de la mirada y mucho menos superficial. Para hablar bien de la Bahía de Acapulco, primero hay que enamorarse de ella y entonces brotará el verso como el fluír del Viento. Don Juan López es un ferviente enamorado de la Bahía de Acapulco; sólo el amor le ha llevado a soñar, reír y cantar como todos los enamorados y nos ha entregado este enorme, artístico, poema musical.

Acapulqueños, no nos impongamos a ver nuestra hermosa Bahía de Santa Lucía; no hagamos costumbre de su belleza, que el amor siempre encuentra motivos nuevos para enamorarse. Y cuando quieran hablar a propios y visitantes acerca de Acapulco, háblenles de su Bahía, porque Acapulco y la Bahía de Santa Lucía son una misma cosa. Y cuando lo quieran expresar todavía más elocuentemente, díganselo cantando como lo hace nuestro amigo Juan, con la imagen plasmada en una tarjeta digital, que el amor también entra por los ojos.

Un día bajó de los Montes Urales un músico que deseaba tocar en la Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida por L.W. Bethoven pero al llegar a su presencia, se encontró con la dificultad del idioma a fin de darse a entender. Bethoven le hizo el ademán de que se lo dijera interpretando lo que quisiera con su violín y lo hizo en tal forma, que inmediatamente lo aceptó como integrante de su Orquesta. Así cada uno de nosotros, para no balbucear palabras titubeantes sobre Acapulco y su Bahía de Santa Lucía, ¡Dígalo cantando! Como nos ha enseñado Don Juan López, que no sólo es comentarista de prensa y radio, sino un amante musical de este girón acapulqueño de nuestra biografía.






BAHÍA DE SANTA LUCÍA
Letra y Música: Juan López


Bahía de Santa Lucía,
motivo de mis alegrías.
Mi llanto se convierte en canto
ante tus encantos,
Bahía de mi amor.

Oigo tu voz
que canta el mar
y tu sonrisa sabe a sal;
tu sol, tu brisa, tu mirar,
Santa Lucía, sin rival,
perla de Dios, gota de amor.
niña, mujer, Lucía fiel,
flor de la vida, luz, color y melodía.

Bahía de Santa Lucía,
leyenda de piratería;
no dudes de la lejanía,
tu aroma olvida los días.

Hermosa Santa Lucía,
vengo de mi travesía,
cautivo, de ti, bahía,
vuelvo sin melancolía;
tus olas dan la sensación
de latidos del corazón,
como sirena del amor
le cantas a la tentación.

Bahía de Santa Lucía,
jirones de mi biografía,
mi llanto se convierte en canto
ante tus encantos,
Bahía de mi amor.

domingo, 10 de abril de 2011

LLAMA IGLESIA A NO PECAR COMIENDO CARNE DE TORTUGA MARINA






ES PECADO COMER TORTUGA MARINA: ARZOBISPO DE ACAPULCO. PIDEN SACERDOTES PARAR MATANZAS DE TORTUGAS Y SAQUEO DE NIDOS.

Sergio Flores. COSTASALVAJE A. C.


Acapulco- El Arzobispo de Acapulco, Carlos Garfias Merlos, llamó a evitar consumir huevos y carne de tortuga marina, especie en peligro de extinción, pues sostuvo que esa práctica constituye un pecado que además pone en riesgo la salud del Medio Ambiente Marino. Mientras que la organización ambiental COSTASALVAjE, destacó que por primera vez, la Iglesia se suma a la protección de la tortuga marina en peligro de extinción, pues se calcula que en playas de Guerrero, el 40 por ciento de los nidos son saqueados y 20 por ciento de tortugas son asesinadas para surtir el mercado negro. El Arzobispo Garfias Merlos, indicó que la Iglesia hace un llamado a adherirse a la campaña de concientización impulsada por la organización ambiental COSTASALVAjE A. C., debido a que la extinción de las poblaciones de tortugas marinas, traerían afectaciones a la pesca e inseguridad a los turistas en playas por presencia de aguasmalas o medusas. “Hacemos nuestra la invitación y la compartimos con todos, de modo que, especialmente en esta temporada de Cuaresma, les pedimos que se abstengan de consumir huevos y carne de tortuga, debido a que esta especie se encuentra en peligro de extinción y la carne de tortuga marina es carne roja”, dijo el arzobispo. A manera de apercibimiento, el jerarca Católico de Acapulco indicó que “debemos recordar que capturar, vender, comprar, consumir o compartir huevos y carne de tortuga marina bien puede constituir un pecado, pues la extinción de esta especie amenaza nuestro Medio Ambiente Marino”. En rueda de prensa, Garfias Merlos indicó que “la ruptura de la cadena alimenticia en el mar por la extinción de las tortugas marinas por la mano del hombre, provocaría en el corto tiempo la explosión de poblaciones de medusas o aguas malas que harían playas inseguras para los turistas y bañistas y el desplome de la afluencia turística y la producción pesquera”. El comunicado del Arzobispo Garfias Merlos, boletinado a todos los sacerdotes de la Arquidiósesis de Acapulco por el Canciller del Arzobispado Juan Carlos Flores Rivas, indica que “la organización ambientalista COSTASALVAJE A. C., conserva ecosistemas costeros y fomenta la protección de especies en peligro de extinción como la tortuga marina”. Natalia Parra del Ángel, Coordinadora de COSTASALVAjE, explicó que a playas de Guerrero arriban cuatro especies de tortugas marinas, todas en peligro de extinción, según la Norma Oficial Mexicana 059-Semarnat-2001, como la tortuga carey y laúd o garapacho en estado crítico de extinción, así como la tortuga negra y la tortuga golfina, en peligro de extinción. Parra del Ángel, explicó que de acuerdo con reportes provenientes de autoridades ambientales como La Comisión Nacional de Áreas Naturales ProtegidasCONANP y campamentos tortugueros de Guerrero, de cada 100 nidos puestos en las playas, 40 son saqueados y dos de cada 10 ejemplares de tortuga anidadora son asesinados.